En esta entrada analizamos la frase de Francisco de Goya “El sueño de la razón produce monstruos”, grabada por el propio artista en la estampa número 43 de una serie titulada Los caprichos. Francisco de Goya (1746–1828) fue un destacado pintor y grabador español, considerado uno de los artistas más importantes de la historia del arte. Su obra abarca una amplia variedad de géneros, incluyendo retratos, pinturas de historia, paisajes y grabados. Vivió en un período de transición en la historia española, y su trabajo refleja tanto las influencias de la época como su propia visión única.

La vida de Goya transcurre en un momento de cambios profundos en la España borbónica, desde fines del siglo XVIII hasta comienzos del XIX: reformas ilustradas , impacto de la Revolución francesa (1789), invasión napoleónica y Guerra de la Independencia (1808–1814), y posterior restauración absolutista con censura e Inquisición aún activas. En ese marco declina la monarquía absoluta y se expanden las ideas ilustradas -razón, progreso, derechos- mientras crece el interés romántico por la subjetividad y la emoción. Goya, pintor de cámara y académico, vive esa transición en carne propia (incluida su sordera desde 1793–1794), y su obra refleja esa tensión entre crítica racional y sensibilidad moderna.
No obstante, tanto la Ilustración como el Romanticismo compartieron un espíritu crítico hacia la sociedad y el orden establecido. En esa línea, Goya articuló en su obra una mirada cuestionadora y provocadora de la realidad, desafiando normas y convenciones del pasado y del presente mediante la sátira social (Los caprichos), la denuncia de la violencia y el poder (Los desastres de la guerra), y una imaginería inquietante que explora lo irracional (Pinturas negras).
La serie Los caprichos
Los caprichos es una de las series más emblemáticas de Goya. Publicada en 1799, reúne ochenta estampas – principalmente aguafuerte y aguatinta- de tono satírico y alegórico. Cada lámina lleva título y va acompañada por breves textos del propio pintor que comentan, con ironía mordaz, costumbres y abusos de la sociedad española de su tiempo; además, circularon comentarios manuscritos coetáneos (Prado y Biblioteca Nacional) que amplían ese sentido crítico.
Las estampas constituyen una crítica mordaz a vicios, supersticiones, costumbres y abusos de poder en la España de fines del XVIII. Goya recurre a un lenguaje visual contundente y simbólico —claroscuros violentos, bestiarios de búhos y murciélagos, máscaras, brujas, figuras híbridas— para denunciar hipocresía, corrupción e ignorancia. Las imágenes exploran la oscuridad e ironía de la condición humana y apuntan a estamentos y prácticas concretas (clero y nobleza, charlatanes, matrimonios por conveniencia, explotación), abordando temas como vanidad, superstición, violencia, prostitución y decadencia moral.
De este modo, la importancia de Los caprichos radica en su carácter innovador y provocador: Goya quiebra convenciones estéticas y usa el aguafuerte con aguatinta -de gran potencia tonal- para difundir, en forma seriada y accesible, una crítica social de amplio alcance. La serie desafió normas artísticas y morales de su tiempo y siguió influyendo en generaciones posteriores; no en vano, tras su breve puesta a la venta en 1799, el propio Goya retiró los ejemplares y en 1803 donó las planchas a la Calcografía a cambio de una pensión para su hijo, consolidando su circulación pública y su legado.
Cuando Los caprichos se ponen a la venta el 6 de febrero de 1799, el Diario de Madrid anuncia que tratan “la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil” y las “preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia y el interés”, y precisa como fin del autor “la censura de los errores y vicios humanos”.
“El sueño de la razón produce monstruos”
Goya orienta estos grabados a denunciar la credulidad popular, los abusos del clero y la ineptitud de los poderosos. Las supersticiones, aún muy extendidas, fomentadas por predicadores y por prácticas institucionales, alimentan buena parte de sus motivos, junto con la sátira de charlatanes, matrimonios de conveniencia y corrupción cortesana.

Así, la estampa que nos ocupa, la 43, despliega un mundo de pesadilla: el artista dormido es cercado por búhos y murciélagos, emblemas de la oscuridad y la superstición. Goya no juzga a esos “monstruos”; los expone. La escena invierte el orden diurno: razón y claridad por lo nocturno: descontrol e incertidumbre, un rasgo que atraviesa toda la serie.
Este grabado lleva una leyenda escrita por el propio Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”, frase que dio lugar a múltiples interpretaciones. La clave está en la polisemia de “sueño” en español: puede significar “dormir” y también “soñar”. Esa doble acepción introduce una ambigüedad deliberada que habilita lecturas distintas sobre la relación entre razón, imaginación y monstruos.
I. Interpretación ilustrada y racionalista
Una primera interpretación, quizás la más evidente, es la que asume que es la razón la que “se duerme” y que, tras ello surgen los “monstruos”. Por lo tanto, esta mirada da muestras de una gran valoración del rol de la racionalidad como freno a los aspectos instintivos y la fantasía inconsciente. Se basa en la idea de que la razón, cuando está activa y alerta, desempeña un papel crucial en la regulación de nuestros impulsos y en la diferenciación entre la realidad y la fantasía desenfrenada.
Los “monstruos” serían, entonces, externos, ajenos, a la razón. Se trata de una concepción racionalista según la cual, el sueño, que se impone sobre la razón, es el reino de la imaginación disparatada. Representa una disolución del control, una caída en lo informe y amenazante. Los “monstruos” pueden interpretarse como metáforas de nuestros miedos, obsesiones, deseos descontrolados y pensamientos irracionales que pueden surgir cuando no hay un freno racional. Se reconoce entonces aquí la importancia de la razón como herramienta crucial para mantener la coherencia, la estabilidad y la comprensión de la realidad.
Esta lectura se conecta, también, con una generalización según la cual la fantasía y el mito provienen de fuerzas arcaicas siempre dispuestas a erosionar lo “racional” y “civilizado” y, por lo tanto, es necesario que la razón “despierte” para hacer frente a todos esos aspectos irracionales. Es que, desde esta óptica, con lo previsible de su lógica, la razón es el fundamento de la conciencia y tiene la capacidad de controlar la angustia, en tanto su ausencia temporal nos coloca en una situación vulnerable, como enloquecida.
Esta postura sería la propia del pensamiento ilustrado, de figuras como Descartes y Kant, con su acento en la razón como estado de vigilia y fuente de luz, tal como indican los nombres de la Ilustración en varios idiomas europeos: “Iluminismo” y “Siglo de las Luces” en español “Lumières”, en francés, “Enlightenment”, en inglés “Aufklärung”, en alemán.

II.Interpretación romántica y vitalista
Ahora bien, para parte de la crítica, si “sueño” se entiende como “soñar” -es decir, la imaginación propia de la razón-, el sentido cambia: se cuestiona el racionalismo al sostener que la razón, muchas veces, engendra lo monstruoso; que puede devenir delirio o ilusión y resultar, a veces, más nociva que el propio orden natural, al producir una conciencia acechada por sus propias alucinaciones.
Tales alucinaciones pueden tomar la forma de utopías extremas e imposibles, capaces de atormentar al cuerpo y la vida: exigencias deshumanizantes que, por su desmesura, oprimen la existencia concreta. La razón aparecería así, cuando se absolutiza, como ingreso de la humanidad en un campo de mortificación: proyectos totalizantes, moralismos rígidos o ingenierías sociales que subordinan lo vivido a un ideal abstracto.
Se sostiene entonces, desde esta óptica, que Goya está haciendo una crítica a la razón ilustrada de la época y a sus excesos. Podría estar señalando, también, que la razón por sí sola no es suficiente para comprender la complejidad del mundo, y en este sentido, la frase puede ser vista como una advertencia contra la pérdida de la sensibilidad, la creatividad y la conexión con lo irracional y lo intuitivo que son aspectos importantes de la experiencia humana.

Otro aspecto que se ha señalado es que tal racionalismo suele caer en el dogmatismo, es decir, la adhesión rígida y sin cuestionamiento a ciertos principios, creencias o sistemas de pensamiento basados únicamente en la razón. Cuando la razón se utiliza de manera dogmática, se corre el riesgo de caer en la cerrazón mental y de rechazar ideas o perspectivas que no se ajusten a los propios prejuicios o supuestos.
Además, la razón no está exenta de los “sesgos cognitivos”, errores sistemáticos en el razonamiento que pueden influir en la forma en que procesamos la información y llegamos a conclusiones. Estos sesgos pueden distorsionar la realidad y llevar, paradójicamente, a decisiones irracionales o ilógicas.
Más aún, no faltan quienes entienden que, aun en el reconocimiento de los innegables progresos que ha obtenido gracias a las conquistas de la razón, ella no ha estado ausente de muchas de las peores calamidades a las que la humanidad se ha venido enfrentando.
No olvidemos que Goya todavía coexiste con los horrores de la muy organizada Inquisición; que estamos aquí en tiempos en que, en tanto la Revolución francesa promete “libertad, igualdad y fraternidad”, practica, a su vez, la guillotina y el terror; que, a la vez que la Revolución industrial instaura mejoras reales a partir de la modernidad, trae consigo también el uso y abuso de la naturaleza y el ser humano a través de la “racionalidad instrumental”.
A esto, luego siguen los “maestros de la sospecha” -Marx, Nietzsche y Feud-, con su crítica a la “falsa conciencia”, en el sentido de que ella puede estar, también, autoengañándose sobre sí misma y la realidad; a la vez que, los conmocionantes sucesos en torno a las dos Guerras Mundiales, con sus sueños de “pureza racial” o de alcanzar a cualquier costo el “Estado total”, suscitan en los pensadores de la Escuela de Frankfurt, la crítica profunda a las contradicciones de la razón, bajo el célebre concepto de “Dialéctica de la Ilustración”.

En efecto, “razón instrumental” es un concepto desarrollado por el filósofo y sociólogo alemán Max Weber, a comienzos del siglo XX, referido a un tipo específico de razonamiento que se enfoca en el cálculo de medios y fines, con el objetivo de lograr objetivos y alcanzar resultados prácticos, valorando principalmente la eficacia y la utilidad de los medios para alcanzar el propósito buscado.
Por lo tanto, la crítica más frecuente es que la razón instrumental tiende a reducir la complejidad de la experiencia humana a meros cálculos de eficiencia y utilidad. Se argumenta que este enfoque deshumaniza las relaciones y los valores, lo que conduce a la alienación y la pérdida de sentido. Al centrarse en la consecución de objetivos prácticos, se corre el riesgo de desconectar a las personas de su propósito más profundo y de sus necesidades emocionales y espirituales. Estas críticas remarcan que la razón instrumental, si se aplica de manera exclusiva y sin un equilibrio adecuado, tiene consecuencias negativas tanto para los individuos como para la sociedad en general.
En defensa de una razón prudente
No obstante, es importante destacar que la razón en sí misma no es intrínsecamente defectuosa, sino que es su mal uso o aplicación incorrecta lo que puede dar lugar a consecuencias negativas. La razón es una herramienta invaluable, una capacidad humana fundamental que nos ha permitido progresar y comprender el mundo que nos rodea, llevándonos a avances científicos, tecnológicos y filosóficos significativos.
A lo largo de la historia, la razón humana ha demostrado ser capaz de corregir sus propios errores y mejorar su comprensión. La ciencia y la filosofía son ejemplos de disciplinas que evolucionan y se autocorrigen mediante el debate, la crítica y la revisión constante de ideas, avanzando hacia una mejor comprensión del mundo.

Nuestra experiencia en el mundo proporciona datos y vivencias que podemos analizar y comprender a través de la razón, y que, a su vez, puede ayudarnos a interpretar y dar sentido a nuestras experiencias.
Es importante, entonces, reconocer que la razón humana tiene sus limitaciones y que debe ser complementada con otras facultades y perspectivas a fin de obtener una comprensión más completa del mundo. No en vano la tradición filosófica de los dos últimos milenios venido insistiendo en que la vida, personal y colectiva no vale la pena si no es sometida a examen, a una verdadera autocrítica, tras la idea de que solo desde una adecuada comprensión de nosotros mismos, podremos controlar hacia dónde queremos ir.
Para un acercamiento a la serie completa de Los caprichos , ver: https://goya.unizar.es/InfoGoya/Obra/CaprichosLista.html
¿Y cuál era la posición de Goya?
Pero entonces: ¿En qué registros podemos apoyarnos, para vislumbrar cómo interpretaba la frase el propio Goya? En primer lugar, podemos orientarnos, por el dibujo preparatorio del grabado, en el que Goya clarificaba: “El Autor soñando. Su intento solo es desterrar vulgaridades perjudiciales y perpetuar con esta obra de caprichos, el testimonio sólido de la verdad.”
A esto se suman los estudiosos del tema que han conducido su interpretación analizando los comentarios escritos por amigos del pintor que habrían tomado nota de sus propias explicaciones sobre los grabados. Estos comentarios de los Caprichos se designan por el lugar donde se conservaron, por eso se denominan el “Manuscrito del Prado” por el Museo del Prado, y el “Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid”. Con respecto a este grabado concreto, en el manuscrito del Prado puede leerse el siguiente comentario crucial: “La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas”.
En tanto el comentario de la Biblioteca Nacional dice, en el mismo sentido: “Cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones”. Por lo que, no parece quedar duda de que en ambos casos, la idea en Goya es que esos dos aspectos, imaginación y razón, deberían funcionar unidos, a lo que se suma una clara valoración del rol de la razón. No obstante, la parte de la crítica ha venido interpretando también que Goya ya estaría aquí comenzado a abandonar el marco “tranquilizador” en el que se situaban los ilustrados, debido al hecho, ya mencionado, de que forma parte de un momento histórico de transición entre el siglo XVIII -de la Ilustración por excelencia-, y el XIX, en el que irrumpe con fuerza el movimiento romántico.

Justamente, los autores de este movimiento se preguntan si no nos estaremos equivocando al extasiarnos ante lo que nos parece el “triunfo de la razón”, desconociendo las profundidades inconscientes que también nos caracterizan. Por lo que, adhiriendo también a estas ideas, Goya habría pretendido dejar en la ambigüedad e indecisión, al espectador de su tiempo, frente a este tema, quizá para incitarlo a buscar el sentido por sí mismo y en sí mismo.
Referencias
Berlin, I. (2002). “La decadencia de las ideas utópicas en Occidente”, en El fuste torcido de la humanidad. Barcelona: Ediciones Península.
Blackburn, S. (2001). Pensar. Una incitación a la filosofía. Barcelona: Paidós.
Todorov, T. (2011). Goya. A la sombra de las luces. Galaxia Gutenberg
Vidaurre, C. “Los grabados de Goya” Universidad de Guadalajara. Sincronía Verano / Summer 2000 Año 5 / Número 15 Junio-Septiembre 2000.
Vidaurre, C. “Los grabados de Goya” https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/07/LosgrabadosdeGoya.pdf
Todorov, T. Goya. A la sombra de las luces https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/07/Goya_A-la-sombra-de-las-luces-Tzvetan-Todorov.pdf
Berlin, I. “La decadencia de las ideas utópicas en Occidente” https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/07/Berlin-I.-La-decadencia-de-las-ideas-utopicas.pdf
Seminario “Goya y su contexto” https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/07/Goya_y_su_contexto_pdf.pdf











Nada, en un artista el significado no puede ser el que se esgrime. El significado es justo el contrario. La razón es algo cuadriculado, algo muy limitado, desde cuándo la mente humana, su actitud, su comportamiento es algo razonable, lógico, incluso previsible. Nada. Y ahora con la ciencia peor, los que han estudiado un poquito apenas si dudan, ya saben, y la realidad tiene que pasar por el aro de su mente limitada. El mundo es inabarcable, escurridizo, ilógico, oscuro, hay que andar con tiento.
Hola! En realidad, tu postura parece ser la de la segunda interpretación de la frase, la que critica a la razón científica por sus “sueños” de dominio y control que en muchos casos han llevado a consecuencias terribles para la humanidad, o los delirios de grandes dictadores con sus propuestas de “utopías” en las que nadie sale ganando. En fin,por supuesto, muchas interpretaciones son posibles, dado que Goya dejó la frase deliberadamente ambigua…Gracias por acercarme tu interesante postura!