Ludwig Wittgenstein: Investigaciones filosóficas

Ludwig Wittgenstein: Investigaciones filosóficas

En esta entrada sobre las Investigaciones filosóficas (Philosophische Untersuchungen) de Ludwig Wittgenstein, recorremos tanto sus principales ideas como las implicancias de esta gran obra, publicada póstumamente, en el año 1953. Wittgenstein fue un filósofo, matemático, lógico y lingüista austro-británico nacido en Viena, en el año 1889. Pertenece a la corriente de la filosofía analítica, tradición que se desarrolla particularmente en el mundo anglosajón desde principios del siglo XX.

Wittgenstein pertenece a la corriente de la filosofía analítica, que se desarrolla durante el siglo XX en países anglosajones.

Aunque es difícil dar una definición precisa y unívoca de esta corriente dada su gran su diversidad interna, su característica fundamental es el énfasis puesto en el análisis lógico y lingüístico de los problemas filosóficos. Se preocupa por la claridad y precisión en el uso del lenguaje, enfatizando la importancia del razonamiento riguroso. Por todo ello, esta tradición de pensamiento ha influido en muchas otras disciplinas, como la lingüística, la epistemología, la psicología cognitiva, e incluso, ciencia de la computación.

Vida y obra de Wittgenstein (contiene error en fecha de nacimiento: 26 de abril, y muerte: 29 de abril) https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Autor:Wittgenstein,_Ludwig

El pensamiento de Ludwig  Wittgenstein

El pensamiento de Wittgenstein suele dividirse en dos períodos centrales: el primero gira en torno a su primer trabajo importante, el Tractatus logico-philosophicus, publicado en alemán como Logisch-Philosophische Abhandlung en 1921 y un año después, en inglés, aunque con el título que conocemos hoy, en latín. Una vez entregada esa obra para su publicación, Wittgenstein decide alejarse de la filosofía, creyendo haber resuelto la base misma de sus problemas: el uso incorrecto del lenguaje. Sin embargo, varios años después vuelve a enseñar a Cambridge, Reino Unido, y a continuar con su trabajo, aunque con un enfoque muy distinto al que condujo su producción anterior, del que surgirían, finalmente, las Investigaciones filosóficas.

Ludwig Wittgenstein- Investigaciones filosóficas

Esta es la obra que consideraremos aquí, aunque es preciso conocer algo del Tractatus para captar la gran diferencia entre una obra y otra, lo que ha llevado, a su vez, hablar de la genialidad de Wittgenstein ya que ambos momentos de su pensamiento fueron centrales en el desenvolvimiento de la filosofía contemporánea.

El Tractatus logico-philosophicus

Si partimos del comienzo de su formación, vemos que ya desde la época de estudiante en Berlín y posteriormente Manchester (Reino Unido), donde comienza a estudiar ingeniería aeronáutica, se interesa especialmente por cuestiones teóricas sobre los fundamentos formales y objetivos de la ciencia empírica y de la matemática. En particular, la lectura de los Principia Mathematica de Bertrand Russell y Alfred North Whitehead constituyó un gran estímulo para seguir profundizando en esa línea.

Ludwig Wittgenstein en su época de estudiante.
Wittgenstein a los 18 años

En efecto, éste era un tema de enorme interés en ese momento ya que en 1903 había aparecido el segundo tomo de Las leyes fundamentales de la aritmética, de Gottlob Frege; de manera que esta nueva concepción de la lógica, como fundamentación de la matemática, marcará el camino de Wittgenstein hacia la filosofía.

En el año 1911 Wittgenstein visita a Frege, cuyas tesis se convertirían, más adelante, nada menos que en el punto de par­tida de dos de las co­rrientes filosóficas más influyentes del siglo XX: la fe­nomenología de Edmund Husserl y la filosofía analítica, impulsada por la obra del propio Wittgenstein.

Frege alienta al joven Wittgenstein a ir a estudiar con Russell en el Trinity College de Cambridge, durante el curso de 1912 a 1913. A partir de allí éste avanza rápidamente en sus estudios de lógica y fundamentos de la matemática, por lo que “filosofía” pasa a ser, para él, específicamente lógica y metafísica, lo que luego quedará plasmado en el propio Tractatus: una obra en la que recurre al análisis lógico del lenguaje a fin de ofrecer una descripción precisa de éste y de su conexión con el mundo.

No obstante, a finales de octubre de ese mismo año Wittgenstein viaja de vacaciones al pequeño pueblito Østensjøvannet, en Noruega, con su  amigo David Pinsent, con la finalidad de descansar de la vida en la ciudad y reflexionar profundizando en sus propias ideas. Más adelante haría construir una cabaña en el pueblo de Skjolden, sobre el lago, como refugio para la reflexión, y será allí donde surgirán las ideas de su primera gran obra: el Tractatus logico-philosophicus.

Artículo sobre la cabaña de Wittgenstein en Noruega https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/10/La-cabana-de-Wittgenstein.pdf

Tractatus logico-philosophicus

El Tractatus surge, así, de sus notas y de correspondencia mantenida con Bertrand Russell, George Moore y John Keynes, notas que, sorprendentemente, serían redactadas entre 1914–1918, mientras estaba alistado como parte del ejército austro-húngaro y, luego como prisionero de guerra en Italia, durante la Primera Guerra Mundial.

En efecto, en agosto de 1914, Wittgenstein se alista voluntariamente como soldado raso, con veinticinco años. Unos meses antes, desde Noruega, había escrito a Russell: “¡No puedo ser un lógico antes que un ser humano! Tal vez la cercanía de la muerte me traiga la luz de la vida”. Y, en efecto, durante esos años en el frente y la trinchera, Wittgenstein fue redactando sus ideas, las que se irían entrelazando con su propia situación existencial en medio de los avatares de la guerra.

Las anotaciones de sus diarios fueron fundamentales para la redacción del Tractatus. En agosto de 1916, escribió: “Sí, mi trabajo se ha extendido de los fundamentos de la lógica a la esencia del mundo”. Es decir que había comenzado sus análisis siendo un lógico y la terminó expresándose en términos de un místico.

Así, en este texto tan particular -que el propio Wittgenstein dirá, más adelante, que hay que considerar junto a las Investigaciones filosóficas para poder apreciar el contraste-, el filósofo trata de mostrar que la lógica es el andamiaje sobre el cual se levanta el lenguaje descriptivo propio de la ciencia.

En línea con la metafísica tradicional, en el Tractatus Wittgenstein considera que existe una correspondencia entre las ideas y la realidad expresada por el lenguaje a través de juicios lógicos. Y, por lo tanto, que el sujeto mantiene una relación con las cosas o con el mundo que es concebida como anterior a cualquier nominación lingüística. Por lo que la idea central del Tractatus es ésa: la estrecha vinculación formal, estructural, entre el lenguaje y el mundo; lo que lenguaje, pensamiento y mundo comparten es la forma lógica, gracias a la cual el ser humano es capaz de describir con precisión a éste último.

Se trata, entonces, de una concepción “pictórica” del lenguaje, dado que, según Wittgenstein, el mundo está constituido de “hechos atómicos” que son combinaciones de objetos simples, en tanto el lenguaje, a su vez, está compuesto de “proposiciones elementales” que se corresponden con estos hechos atómicos, de tal forma que lo que produce el lenguaje es una representación pictórica de la realidad. Es decir, a cada elemento de la realidad le corresponde un elemento de la “pintura”, manteniéndose la misma relación y la misma estructura entre los elementos implicados.

 La pintura de René Magritte, del año1934, refleja bien la concepción pictórica de Wittgenstein.
En el Tractatus El lenguaje es una “pintura” de la realidad

Y eso es lo que explica, a su vez, una de las frases más célebres del Tractatus:

 “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.” (Tractatus: § 5.6)

Además, ya durante este período Wittgenstein piensa que los problemas filosóficos surgen de confusiones lingüísticas y que es solo a través de una comprensión adecuada del lenguaje que podrían resolverse. Sostenía, entonces, que solo podemos hablar de lo que podemos representar de manera lógica, y que lo que no puede decirse lógicamente por inexpresable, se muestra, es lo místico. Dice:

 Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico. (Tractatus: § 6.522).

Aquí Wittgenstein tiene en mente las más grandes cuestiones de la filosofía, como la ética, la estética, la metafísica. Por lo que la otra más célebre aseveración de esta obra, es la final, que sentencia:

 De lo que no se puede hablar, es mejor callar. (Tractatus: § 7)

De este modo, el Tractatus es considerado por muchos como uno de los libros de filosofía más influyentes del siglo xx, entendido, al mismo tiempo, como un verdadero “poema lógico”, en el que se aborda la esencia del lenguaje, la naturaleza del mundo, la lógica, la ciencia y la filosofía, a la vez que involucra un claro misticismo estético, ético o religioso, al referirse a lo que, según él mismo, “no se podía decir”.

El Tractatus, como la filosofía misma, dice Wittgenstein, no puede decir “más que lo que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural; o sea, algo que nada tiene que ver con la filosofía”. A partir de aquí, entonces, coherente con sus ideas, advierte que él mismo utiliza expresiones, en rigor, sin significado, ya que no son afirmaciones de la ciencia natural, por lo que señala, contundente, que toda su elaboración debería ser descartada, luego de ser comprendida.

Cabe agregar, llegado este punto, que no hay biografía de Wittgenstein que no haga mención a su vida atormentada por sentimientos de culpa, en general adjudicados a la rigidez con que su padre los había educado a él y sus hermanos. Por lo que suele considerarse que tales sentimientos se entrelazaron en esta obra en una suerte de “sentimiento místico” que, combinado con el asombro ante “la mera existencia del mundo”, lo conduciría, en momentos de serenidad en medio de la guerra, a sentirse absolutamente a salvo “pasara lo que pasara”.

Rumbo a las Investigaciones filosóficas

Tras la redacción del Tractatus Wittgenstein se aparta, como dijimos, del ambiente filosófico con la convicción de que su tarea en la filosofía estaba cumplida. Se matricula, entonces, en la Escuela Normal de Viena, en busca de un título de maestro, título que recibe en julio de 1920. Inicia, así, su experiencia de seis años como maestro de escuela por pueblos de la Baja Austria, y más adelante, tras varias situaciones conflictivas en la docencia, trabaja como jardinero en un monasterio y luego como arquitecto de la casa de su hermana.

Sin embargo, para ese momento su Tractatus comenzaba a ser objeto de estudio y discusión en la Universidad de Viena, donde surgiría luego el renombrado Círculo de Viena. De manera que, a través de los contactos con estos filósofos, Wittgenstein considera el retorno a la filosofía, a sus cuarenta años.

El 18 de junio de 1929 obtiene el título de doctor después de argumentar sus ideas ante un tribunal del que formaban parte Russell y Moore, y se le concede una beca de investigación por cinco años, una vez más gracias a un informe positivo de Russell, que cree que, de continuar trabajándolas esas ideas probablemente lleven a una filosofía nueva por completo.

En 1936 Wittgenstein hace su segundo retiro de un año a su cabaña de Skjolden, en busca, nuevamente, de la “tranquila seriedad”, como él decía, que le ofrecía ese lugar para pensar. De algunas obras o apuntes anteriores, como Los cuadernos azul y marrón (de 1933-1935), surgen los borradores de la primera versión de las Investigaciones filosóficas, en particular, los 188 primeros parágrafos, con los que estaba realmente conforme.

En 1936 Wittgenstein hace su segundo retiro de un año a su cabaña de Skjolden
La cabaña de Skjolden

Wittgenstein dicta el Cuaderno azul (“Blue Book”) -aunque no fue él quien le puso ese nombre- a su clase de Cambridge durante el curso 1933-34, e hizo copias. El Cuaderno marrón (“Brown Book”) lo
dicta a dos de sus discípulos Francis Skinner y Alice Ambrose, entre 1934 y 1935. De éste hizo solamente tres copias mecanografiadas y únicamente se las mostraba a amigos y discípulos muy íntimos.

En rasgos generales, en las Investigaciones filosóficas, Wittgenstein ejerce la filosofía como actividad, al modo de la mayéutica socrática, es decir, instando al lector a reflexionar con él. Por lo general, inicia un diálogo en el que propone un experimento mental, describe luego cómo el lector podría estar inclinado a pensarlo, y luego muestra por qué esa interpretación sufre de una confusión conceptual.

Para este momento el pensamiento de Wittgenstein había ido cambiando profundamente dado que, si en el Tractatus, analizaba lógicamente el lenguaje y el mundo buscando un ideal universal de perfección en la significación, y desvalorizando cualquier uso del lenguaje que no fuera lógico y científico, en el período que rodea a las Investigaciones filosóficas, estudia el lenguaje corriente, con sus innumerables usos y juegos diarios, buscando el sentido de las cosas en la acción humana.

Reconoce, entonces, su error de fondo en el Tractatus: pretender que la tarea del análisis lógico consistiera en descubrir las proposiciones elementales, como la base del lenguaje con pleno sentido. Ahora admite que no es posible llevar a cabo esta tarea, puesto que es equivocado querer encontrar algo “oculto” en el lenguaje: siempre nos movemos en el ámbito de la gramática de nuestro lenguaje ordinario, de modo que permanentemente tenemos ya “ante los ojos” todo lo que se necesita para explicarlo. Ninguna supuesta lógica subyacente puede dar cuenta del lenguaje mejor que el lenguaje mismo. Lo único que se precisa es exponer las palabras y expresiones tal como de hecho actúan en la vida cotidiana.

El las Investigaciones filosóficas Wittgenstein analiza el lenguaje corriente

Prólogo

En el Prólogo de las Investigaciones filosóficas Wittgenstein comienza expresándose muy gráficamente cuando dice que la naturaleza misma de su investigación lo obligó a atravesar “en zigzag” su terreno de pensamiento en todas las direcciones. Y que las anotaciones filosóficas de este libro “son como su conjunto de bosquejos de paisajes que han resultado de estos largos y enmarañados viajes”. Dice que, por lo tanto, este libro es en realidad “sólo un álbum” de tales imágenes.

Menciona también que hace cuatro años tuvo ocasión de volver a leer su Tractatus y de explicar a otros sus pensamientos. Y que entonces le pareció, de repente, que deberían considerarse juntos esos “viejos pensamientos” y los nuevos, ya que éstos sólo podrían recibir su correcta iluminación con el contraste y en el trasfondo de su “viejo modo de pensar”.

Parte I

Comienza, así, con la Parte I del libro -que es la que llegó a organizar él mismo en vida- citando al pensador medieval San Agustín en un pasaje suyo en latín, que traducido afirma:

“Cuando ellos (los mayores) nombraban alguna cosa y consecuentemente con esa apelación se movían hacia algo, lo veía y comprendía que con los sonidos que pronunciaban llamaban ellos a aquella cosa cuando pretendían señalarla. Pues lo que ellos pretendían se entresacaba de su movimiento corporal: cual lenguaje natural de todos los pueblos que con mímica y juegos de ojos, con el movimiento del resto de los miembros y con el sonido de la voz hacen indicación de las afecciones del alma al apetecer, tener, rechazar o evitar cosas. Así, oyendo repetidamente las palabras colocadas en sus lugares apropiados en diferentes oraciones, colegía paulatinamente de qué cosas eran signos y, una vez adiestrada la lengua en esos signos, expresaba ya con ellos mis deseos.” (Investigaciones, § 1)

En estas palabras obtenemos, dice Wittgenstein, una determinada figura de lo que habitualmente se piensa sobre la “esencia del lenguaje humano”. Es la idea de que las palabras del lenguaje nombran objetos y que las oraciones son combinaciones de esas denominaciones.

Se piensa habitualmente que cada palabra tiene un significado que está “coordinado” con ella. Los ejemplos típicos son sustantivos como “mesa”, “silla”, “pan”, o nombres de personas, y sólo en segundo plano se piensa en los nombres de ciertas acciones y propiedades de las cosas. Pero, dice, si hablamos de “cinco manzanas rojas”, ¿cómo se sabe dónde y cómo se debe consultar la palabra “rojo” y qué tiene que hacer con la palabra “cinco”? ¿Cuál es el significado de la palabra “cinco”? No hay una “cosa” que ella señale, y por lo tanto, sólo estamos hablando de cómo usamos la palabra “cinco”.

Entonces destaca algo central: ese concepto filosófico del significado del que hablaba Agustín reside en una “imagen primitiva” del modo y manera en que funciona el lenguaje. Esta imagen es apropiada, reconoce, pero sólo para este dominio estrictamente circunscrito, no para la totalidad de lo que pretendemos representar.

Es como si alguien explicara: “los juegos consisten en desplazar cosas sobre una superficie según ciertas reglas…”, y le respondiéramos: “Pareces pensar en juegos de tablero; pero ésos no son todos los juegos. Puedes corregir tu explicación restringiéndola expresamente a esos juegos”.

Así, una parte importante del “adiestramiento” para adquirir el lenguaje consistirá en que el instructor señale los objetos, dirija la atención del niño hacia ellos y pronuncie a la vez una palabra mientras muestra esa forma. Y dice que llamará a esto “enseñanza ostensiva de palabras”. Es decir, que al niño le viene a la mente la figura de la cosa cuando oye la palabra. Es como “tocar una tecla en el piano de la imaginación”, afirma. No obstante, insiste en que la enseñanza ostensiva ayuda a producir la comprensión de la palabra, sólo cuando se da junto con una determinada instrucción. Con una diferente instrucción, la misma enseñanza ostensiva habría producido una comprensión enteramente diferente.

Los “juegos de lenguaje”

Afirma Wittgenstein entonces que podemos imaginarnos también que todo el proceso del uso de palabras es uno de esos “juegos” por medio de los cuales aprenden los niños su lengua materna. Y agrega en un momento central del libro: Llamaré a estos juegos “juegos de lenguaje” (Sprachspiel). Y llamaré también así “al todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido”.

Wittgenstein nos insta, así, a imaginar una caja de herramientas: “Hay un martillo, unas tenazas, una sierra, un destornillador, una regla, un tarro de cola, clavos y tornillos…” Y señala que tan diversas como las funciones de estos objetos son las funciones de las palabras.

A lo que agrega otra interesante metáfora cuando dice que nuestro lenguaje puede verse como una “vieja ciudad”: una maraña de callejas y plazas, de viejas y nuevas casas, y de casas con anexos de diversos períodos; y esto rodeado de un conjunto de barrios nuevos con calles rectas y regulares y con casas uniformes. Por lo tanto, imaginar un lenguaje, concluye, significa imaginar una “forma de vida”.

¿Pero cuántos géneros de este tipo hay?, se pregunta. Lo evidente es, por ejemplo, que hay aserciones, es decir, afirmaciones, también preguntas y órdenes. Pero agrega que, en realidad, son innumerables las formas diferentes de empleo de todo lo que llamamos “signos”, “palabras”, “oraciones”. Y que esta multiplicidad no es algo fijo, dado de una vez por todas; sino que nuevos tipos de lenguaje, nuevos juegos de lenguaje nacen y otros envejecen y se olvidan. Dice entonces: “Ten a la vista la multiplicidad de juegos de lenguaje en estos ejemplos y en otros:

  • Dar órdenes y actuar siguiendo órdenes
  • Describir un objeto por su apariencia o por sus medidas
  • Fabricar un objeto de acuerdo con una descripción (dibujo)
  • Relatar un suceso
  • Hacer conjeturas sobre el suceso
  • Formar y comprobar una hipótesis
  • Presentar los resultados de un experimento mediante tablas y diagramas
  • Inventar una historia; y leerla
  • Actuar en teatro
  • Cantar a coro
  • Adivinar acertijos
  • Hacer un chiste; contarlo
  • Resolver un problema de aritmética aplicada
  • Traducir de un lenguaje a otro
  • Suplicar, agradecer, maldecir, saludar, rezar…”

Y en un pasaje soprendente, irónico y con sentido del humor cierra la idea:

“Es interesante comparar la multiplicidad de herramientas del lenguaje y de sus modos de empleo, la multiplicidad de géneros de palabras y oraciones, con lo que los lógicos han dicho sobre la estructura del lenguaje. (Incluyendo al autor del Tractatus logico-philosophicus).” (Investigaciones, § 23)

¿Qué es una palabra? equivale a ¿Qué es una pieza de ajedrez?

Retoma entonces la descripción de Agustín y redondea la idea señalando que, tal como le ocurre al éste, pese a esa multiplicidad, en general se piensa que aprender el lenguaje consiste en “dar nombres a objetos”, y que nombrar es algo similar a fijar un rótulo en una cosa. Es como si sólo hubiera una posibilidad, destaca: “hablar de cosas”. Mientras que en realidad hacemos las cosas más heterogéneas con nuestras oraciones.

Dice también: “Pensemos sólo en las exclamaciones. Con sus funciones totalmente diversas. ¡Agua! ¡Fuera! ¡Ay! ¡Auxilio! ¡Bien! ¡No! ¿Estás aún inclinado a llamar a estas palabras “denominaciones de objetos”? Nos pregunta. Así, para evitar malentendidos muchas veces tenemos que explicar esas palabras. Pero dice: “¡Explicarlas, pues, por medio de otras palabras! ¿Y qué pasa con la última explicación en esta cadena?”

Parecidos de familia

Vuelve luego a la idea de los juegos de lenguaje, y nos insta a considerar todos los procesos que llamamos “juegos”: juegos de tablero, juegos de cartas, juegos de pelota,  etcétera. ¿Qué hay común a todos ellos?, se pregunta, y dice que si los miramos, en rigor, no veremos algo que sea común a todos, sino que veremos semejanzas, parentescos. Por ejemplo, los juegos de tablero con sus variados parentescos. Luego los juegos de cartas y los aspectos que difieren de los otros. Si ahora pasamos a los juegos de pelota, ocurre lo mismo, señala, continúan manteniéndose varias cosas comunes pero muchas se pierden.

Por eso, el resultado de este examen es que vemos una complicada red de parecidos que se superponen y entrecruzan. Así que la mejor caracterización que puede dar de esto es la expresión “parecidos de familia” (Familienähnlichkeiten). Porque ocurre lo mismo en cuanto a cómo se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc.

Es decir, en general, frente a la ilusión de que hay “conceptos esenciales”, claramente separables o definibles, o de que hay “algo común” a todas las instancias de un concepto, lo que constituiría la única característica definitoria de tal objeto, Wittgenstein contrapone la convicción de que los conceptos se entrecruzan en innumerables usos de palabras en juegos de lenguaje diferentes.

Los “juegos de lenguaje(con subtítulos en inglés)

Dicho de otro modo, los objetos que caen bajo un mismo concepto no tienen necesariamente una semántica, sino que entre ellos, como en una familia, los diferentes miembros se asemejan en diferentes aspectos y difieren en otros. Entre ellos existe una complicada red de semejanzas y desemejanzas que se solapan y entretejen y que son las responsables del uso de una misma palabra en los casos más dispares. Es decir que frente a la pretendida “identidad” semántica de antes, Wittgenstein afirma ahora una mera “semejanza práctica”.

Lo esencial es que, al describir una situación, el lenguaje no puede presentarse sin mencionar el uso para el que sirve. La técnica de Wittgenstein ahora es, por tanto, una especie de terapia, cuyo propósito es librarnos de las confu­siones filosóficas que resultan de considerar el lenguaje aisladamente del papel que desempeña en el “flujo de la vida”.

Por lo tanto, en este momento Wittgenstein considera que tanto él como Russell habían sostenido una noción demasiado rígida de lo que era una proposición, y entiende que la función de los juegos de lenguaje es, precisamente, la de relajar esa rigidez. El análisis de un lenguaje corriente, entonces, más que a átomos lógicos independientes, base, a su vez, de una construcción lógica del mundo, lleva a sistemas de proposiciones interrelacionadas y, por lo tanto, a una concepción del lenguaje como sistema multifacético de actividades en el mundo. Y así, la imagen única del mundo se desmembra en muchas; el dogma metafísico, en una pluralidad lingüística e interpretativa.

Suele señalarse que, en muchos aspectos, el Cuaderno azul puede verse como un esbozo de las elaboraciones posteriores de su filosofía, ya que en él analiza lo que ahora ve como una de las grandes fuentes de confusión filosófica: la tendencia a caer en el error al bus­car algo que se corresponda con un sustantivo. Como cuando preguntamos, pregunta­mos: “¿Qué es el tiempo?”, “¿Qué es el significado?”, “¿Qué es el conoci­miento?”, “¿Qué es un pensamiento?”, “¿Qué son los números?”, etc., esperando poder responder a estas preguntas nombrando alguna “cosa”. La téc­nica de los juegos de lenguaje fue ideada para romper con esta tendencia.

Para Wittgenstein una de las grandes fuentes de confusión filosófica es la tendencia a caer en el error al bus­car algo que se corresponda con un sustantivo.
Para Wittgenstein la tendencia a sustantivar es fuente de error

Ocurre que, relacionada con la inclinación a buscar una “sustancia” que corresponda a un sustantivo está la idea de que, para cualquier concepto dado, existe una “esencia”, algo común a todas las cosas englobadas bajo un término general. Y por lo tanto, ya en el Cuaderno azul se propone abandonar la búsqueda de las esencias, dado que tal actitud es un ejemplo del “anhelo de generalidad” que surge al querer imitar el método de la ciencia.

Por otra parte, durante el curso de 1934-1935, Wittgenstein dicta lo que se conoce como el Cuaderno marrón. En él intenta formular los resultados de su trabajo, llevando al lector a través de una serie de juegos de lenguaje cada vez más complica­dos, haciendo, cada tanto, una pausa para comentar varios rasgos de los juegos que describe. Cuando hace explícito el objeto de estos comenta­rios, afirma que es para evitar pensamientos que puedan dar lugar a una confusión filosófica, de modo que es como si pretendiera que el libro sirviera de texto en un curso destinado a impedir toda incipiente tendencia a filosofar, en dicho sentido de búsqueda de esencias.

Reglas y formas de vida

Volviendo entonces a los “juegos de lenguaje”, Wittgenstein nos dice que componen una gran familia en la que se da una clara superposición parcial de los rasgos. El lenguaje se parece a un juego en tanto que es una actividad con palabras dirigida por reglas, que en este caso son las reglas gramaticales. E igual que en el ajedrez, donde el significado de una figura es la suma de las reglas que determinan sus posibles movimientos en el juego, en el lenguaje hay innumerables procedimientos para el uso de signos. Los juegos de lenguaje se dan en contextos reales de acción y constituyen la forma de vida en la cual, a su vez, están inscritos.

Así, para explicar esto gráficamente en las Investigaciones, Wittgenstein interroga al lector: “¿Pero no está el ajedrez definido por sus reglas? ¿Y cómo están presentes esas reglas en la mente del que intenta jugar al ajedrez?” Seguir una regla es análogo a obedecer una orden. Se nos adiestra para ello. La regla es como un recurso de la instrucción en el juego. Juego que, además se aprende observando cómo juegan otros. De modo que hablamos del lenguaje como de las reglas del funcionamiento del ajedrez. La pregunta “¿Qué es realmente una palabra?” es análoga a “¿Qué es una pieza de ajedrez?”.

Wittgenstein compara las palabras con piezas de ajedrez

Se me dice: “¿Entiendes, pues, esta expresión? Pues bien, la uso con el significado que tú sabes”. Como si el significado fuera una atmósfera que la palabra conllevara y asumiera en todo tipo de empleo.

Así que no cabe hablar de “lenguajes privados”. No puede haber sólo una única vez en que un hombre siga una regla, señala, no puede haber sólo una única vez en que se haga un informe, se dé una orden, o se la entienda, etcétera. Seguir una regla, hacer un informe, dar una orden, jugar una partida de ajedrez son costumbres (usos, instituciones).

El único criterio para saber que seguimos correctamente la regla está en el que brinda una comunidad. Lo que caracteriza una actividad humana como juego es que siga reglas concretas y específicas. Una regla es un paradigma con el que se confronta y juzga la experiencia, y se actúa sobre ella.

Pero entonces, reconoce, esto es como decir que “es la concordancia de los hombres la que decide lo que es verdadero y lo que es falso”. Y agrega: ésta no es una concordancia de “opiniones”, sino más profunda, lo es de “forma de vida”. Por ejemplo, ¿cómo reconozco que este color es el rojo? Una respuesta sería: “He aprendido castellano”. El concepto “dolor”, dice, lo has aprendido con el lenguaje. Todo signo parece por sí solo muerto. ¿Qué es lo que le da vida? Vive en el uso.

El concepto "dolor" se aprende con el lenguaje
El concepto “dolor” se aprende con el lenguaje

Es decir, la lógica, y especialmente la semántica, pensaba el lenguaje casi exclusivamente a partir de su función informativa o denotativa. En cambio para Wittgenstein ahora, la significación de un término se identifica con el uso. Lo importante es lo que los hablantes “hacen” con ese término o para qué lo utilizan. La misma palabra puede tener diversos usos. Se puede decir que alguien es un “psicótico” en una seria conversación psiquiátrica, lo que sería una mera descripción, pero también es posible utilizar ese término como insulto en una discusión de tránsito, por ejemplo. En otras palabras, existen diversos tipos de juegos de lenguaje en los que los enunciados son utilizados con otras reglas y con diferentes maneras de posicionar al emisor, al receptor y al tópico en cuestión.

De este modo, para Wittgenstein, los enunciados denotativos de la lógica de Frege y Russell son un lenguaje más, entre tantos posibles. Es cierto que la razón, tal como la concebía el Iluminismo, estaba pensada a partir del juego de lenguaje característico del discurso científico. Pero cuando un juez declara a una pareja “marido y mujer”, su enunciado ya no es denotativo, sino performativo. Se “hace” algo al pronunciarlo (los convierte en esposos). Y se trata de un “juego” con reglas muy precisas. Para que ese enunciado performativo tenga validez, hace falta que todos los participantes acepten “jugar”, y reconozcan las reglas de juego establecidas. Es como un “contrato”, explícito o no, entre los “jugadores”.

Por lo tanto, a cada institución le corresponde un juego de lenguaje preciso, del cual participa un conjunto de individuos. Así como está el “juego” de la institución matrimonial entre juez y los novios, está el juego de profesor y alumnos, de padres e hijos, médico y pacientes, el juego de la ciencia… Y como en todo juego, hay “jugadas” que están permitidas y otras que no. De manera que los juegos de lenguaje son autónomos y heterogéneos unos con respecto a otros.

 A cada institución le corresponde un juego de lenguaje preciso del cual participa un conjunto de individuos. Uno de ellos es el del juez y los novios,
A cada institución le corresponde un juego de lenguaje

Sólo dentro de una determinada “forma de vida” y de un juego de lenguaje, un grito o un gesto es una expresión de “dolor”. Para Wittgenstein no es el dolor el que da significado a esa palabra, sino la palabra la que da realidad y sentido humano al dolor. Es que el uso de la palabra “dolor” viene asociado a otra serie de actitudes y comportamientos (quejas, gestos o caras de dolor, etc.) y solo en base a ello es terminamos por asociar la palabra“dolor”, tal como la entiende toda una comunidad, a eso que sentimos privadamente.

En cualquier caso, una forma de vida sería la totalidad de los juegos de lenguaje de una época, o el contexto de actividades y comportamientos en que se inscriben juegos de lenguaje concretos; el trasfondo cultural general de acciones humanas concretas.

La verdad es, entonces, algo que sólo se plantean seres como los humanos, que suelen hacer afirmaciones, discutirlas y comprobarlas; es algo que no existe fuera de nuestro comportamiento lingüístico y que, por lo tanto, no depende en principio de “correspondencia con la realidad”, sino de coincidencia en formas de vida. Por eso, para Wittgenstein entender una oración lingüística se acerca más de lo que se cree a lo que usualmente se llama “entender un tema musical”.

Y agrega más adelante: “¿Acaso no puedo decir: el grito, la risa, están llenos de significado?”, ya que se podrían inferir muchas cosas de ellos. Dice entonces, contundente: “Las palabras también son actos”. “El lenguaje es un instrumento. Sus conceptos son instrumentos.”

“El lenguaje es un instrumento. Sus conceptos son instrumentos.”
“El lenguaje es un instrumento. Sus conceptos son instrumentos.”

Parte II

Después de varias consideraciones más, se llega a la Parte II de las Investigaciones filosóficas, escrita, en realidad, entre 1947 y 1949, y que constituye el conjunto de notas que Wittgenstein pretendía incorporar a la primera parte, pero que, debido a su muerte, fueron publicadas como una segunda parte.

Esta segunda parte, de mucha menor extensión que la primera, se ocupa en particular de la aplicación de la concepción de los juegos de lenguaje, entre otras cosas, al análisis de términos psicológicos de percepción, de comprensión de significados, de creencia y duda, de descripción de conductas, de expresión de sentimientos y estados de ánimo, etc.

En definitiva, en esta obra Wittgenstein pasa de considerar la lógica subyacente al lenguaje, a la gramática real de los usos del lenguaje. Si antes, en el Tractatus había establecido que el “pensamiento es lenguaje”, cosa que en cierto sentido aún mantenía al pensamiento en la esfera de la lógica, ahora cree que no había ido suficientemente a fondo y que debe decir que el “lenguaje es uso gobernado por reglas”, es decir, que no es pensamiento, sino prácticas, dado que las reglas son fruto de convenciones sociales y de transformaciones históricas.

Contraste entre el Tractatus y las Investigaciones filosóficas

Por eso, si tuviéramos que hacer ahora un repaso de las principales diferencias entre las dos obras diríamos que, mientras que para el Wittgenstein del Tractatus hay un solo lenguaje significativo: el lógico y descriptivo, propio de la ciencia, para el Wittgenstein de las Investigaciones el lenguaje se expresa en una pluralidad de distintos juegos de lenguaje del que el descriptivo, denotativo, es solo un caso.

En segundo lugar, en tanto el Wittgenstein del Tractatus define lo absurdo de una proposición en la medida en  que esta rebasa los límites del lenguaje significativo, como en el caso de las proposiciones filosóficas, el Wittgenstien de las Investigaciones filosóficas entiende que una proposición resulta absurda en la medida en que intenta ser usada en un juego de lenguaje al cual no pertenece.

Además, mientras que para el Wittgenstein del Tractatus el significado está determinado por la referencia, lo que equivale a decir que si una palabra no nombra ninguna cosa o en una proposición no figura ningún hecho, carece de significado en tanto que resulta imposible asignarle un determinado valor de verdad, para el Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas el significado de una palabra o proposición está determinado por su función, por el uso que se haga de ella, reconociendo las reglas de juego establecidas.

En cuanto a la noción de verdad, si el primer Wittgenstein adopta, sin más, el criterio correspondentista, puesto que, en virtud de la relación isomórfica (con la misma forma) que creía ver entre lenguaje y mundo, la verdad se constituye como la correlación entre lo representado en una proposición y un hecho, el Wittgenstein de las Investigaciones recurre a un criterio pragmático de verdad que destaca su uso en contextos lingüísticos determinados.

Por eso, luego consideraría que su primer objetivo, el del Tractatus, fue meramente una bella ilusión que, a la vez que llenaba de lógica el mundo del espacio-tiempo, impedía que los valores que habitan más allá del espacio y tiempo, sub specie aeterni, se volvieran peligrosos al generar  inevitablemente confusiones, discusiones, enfrentamientos.

El Wittgenstein posterior comprendió, en definitiva, la lógica de los innumerables juegos en los que desaparece el supuesto significado, sentido y verdad “eternos”, para dejar lugar al uso que, por conveniencia, convención, o diversos intereses, se hace de tales juegos. Por eso, como diría Richard Rorty, la idea “filosofía como espejo de la naturaleza” al que había que pulir constantemente para que reflejara mejor la realidad, no era sino un espejismo.

Sobre todo porque esto nos incitaba a pensar que las cosas o los hechos existían “antes” que el lenguaje con el que las describimos. En cambio ahora, para Wittgenstein, así como para los demás filósofos del giro lingüístico, es el lenguaje o, más bien, los múltiples lenguajes en los que estamos inmersos, los que ofrecen el sustrato a través del cual nos relacionamos con el mundo.

Ellos nos recuerdan que, “verdaderas” o “falsas” son, en rigor, las proposiciones, y que si queremos refutar una teoría, no podemos remitirnos a “los hechos tal cual son”, sino emitir otros enunciados, criticar, argumentar, exponer, hablar. En síntesis, que la realidad nunca refutó un discurso, sino que siempre lo hicieron otros discursos y otras interpretaciones. Por lo tanto, se acepta ahora que nada existe fuera de las teorías, es decir, de un uso particular de los lenguajes humanos.

¿Y cómo entender la ciencia ahora?

La modernidad había valorizado el saber denotativo, científico, racional, excluyendo a los saberes míticos o narrativos en torno a los cuales se organizan las culturas tradicionales. Pero, tal como ahora se lo ve, lo que se transmite con estos relatos es sumamente importante: es el conjunto de reglas pragmáticas que constituyen el lazo social, las formas aceptadas de comportarse socialmente y comprender el mundo.

A su vez, tras el giro lingüístico -en gran medida propulsado por el Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas- , el juego de lenguaje llamado “ciencia” ya no habla de “condiciones de verdad”, sino de condiciones de “aceptabilidad”. Es decir, en él, un enunciado no es científico porque dice algo “verdadero” acerca de un estado de cosas, sino porque respeta ciertas reglas de juego, entre las cuales está, ciertamente, la de pretender decir algo verdadero acerca de ese estado de cosas.

En este sentido, una de las “reglas de juego” de la ciencia es, por ejemplo, el que las pruebas aportadas deben ser susceptibles de refutación, es decir, que si alguien habla acerca de algo que nadie más que él o ella puede observar, tales enunciados no serán considerados válidos. De manera que el principio lógico de isomorfismo es sustituido por el principio retórico. Se trata de convencer a los destinatarios de la validez de un enunciado por haber respetado las reglas de juego de la ciencia, y ya no se privilegia la relación entre el pensador y un hecho preexistente, sino con un interlocutor a quien hay que darle razones aceptables para convencerlo acerca de la validez de una teoría.

La ciencia es un juego de lenguaje más

Más aún, si el científico emite un enunciado nuevo pero que respeta las reglas de un sistema científico instituido, deberá mostrar que éste es coherente con el sistema adoptado por la comunidad científica. Pero si un científico crea nuevas reglas de juego y logra que sus destinatarios de la comunidad científica las acepten, entonces se produce una “revolución científica”, en el sentido de Thomas Kuhn.

En común: el rol de la filosofía

No obstante, no faltan tampoco los autores que consideran que entre ambos períodos de Wittgenstein no se interrumpe una continuidad de base, debido a una evolución natural que va “del juego de la lógica” a “la lógica del juego”, es decir, de jugar a construir un lenguaje y un mundo lógicos a darse cuenta de las lógicas subyacentes a todo “jugar” humano.

Y un punto en común, también, en estas dos grandes obras, es que Wittgenstein está convencido de que en ambos casos desaparecen los problemas filosóficos. En el Tractatus, al aclararse las proposiciones acercándolas a un lenguaje lógico ideal. Y en las Investigaciones, al clarificarse los malos entendidos por el uso de palabras y juegos de lenguaje fuera de contexto. De manera que la filosofía, para él, es, en los dos casos, una tarea terapéutica. Como dice en las Investigaciones filosóficas:

“Los resultados de la filosofía son el descubrimiento de algún que otro simple sinsentido y de los chichones que el entendimiento se ha hecho al chocar con los límites del lenguaje. Éstos, los chichones, nos hacen reconocer el valor de ese descubrimiento.” (Investigaciones filosóficas § 119)

En suma, para Wittgenstein, la filosofía es y sigue siendo una praxis analítico-crítica del lenguaje: corriente ahora, lógico antes. Su objetivo era y sigue siendo la clarificación de conceptos, que ahora ya  no tienen que ver con figuras lógicas de hechos sino con usos del lenguaje.

De este modo, la tarea de la filosofía consiste en aceptar que todo es algo dicho, nada más que dicho, y su significado, su sentido y su verdad dependen solamente de si está bien o mal dicho. El criterio de significado, sentido y verdad no es más que la “gramática profunda” incorporada socialmente en el individuo por el aprendizaje reflejo de un lenguaje y una forma de vida.

Por lo tanto, el Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas, abandona el concepto de significado como “referencia objetiva” , y ya no ve el lenguaje como figura, sino como instrumento. Así que habrá que admitir, en definitiva, la imposibilidad de ir más allá del lenguaje. Las palabras conforman todo nuestro sentido: no nos es posible salir de ellas.

La filosofía como espejo de la naturaleza era un espejismo...

Ludwig Wittgenstein: Aspectos Pedagógicos de la Filosofía Terapéuticahttps://www.bu.edu/wcp/Papers/Cont/ContRive.htm

Influencia

Por lo tanto, el aporte central del Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas se da con la sustitución de la semántica de Frege por su defensa de la pragmática como enfoque básico del lenguaje. Esta pragmática será convertida en teoría lingüística en los ’60 por John Austin y John Searle. También será bien recibida por los teóricos de Palo Alto y, desde un ángulo diferente, por Richard Rorty. A su vez, la teoría de los juegos de lenguaje influiría luego en autores centrales del “continente” como Jürgen Habermas y J. F. Lyotard.

En suma, como se afirma en el “Estudio Introductorio” a la edición utilizada aquí, fuera como fuere, el pensamiento de Wittgenstein fue evolucionando constantemente hasta llegar a ser, en gran medida, la alternativa al primero; aunque alternativas y contrarios se necesitan para existir.

También se citan las palabras de Rudolf Carnap sobre sus encuentros en el Círculo de Viena:

“…Cuando por fin, a veces después de arduo y prolongado intento, encontraba la respuesta, su enunciación aparecía ante nosotros como una obra de arte recién terminada o como una revelación divina. No es que expusiera sus opiniones de manera dogmática… pero nos causaba la impresión de que llegaba a un entendimiento súbito como producto de una inspiración divina, de modo que no podíamos evitar sentir que cualquier comentario o análisis sensato y racional que hiciéramos al respecto constituiría una profanación.”

Wittgenstein vivió una vida en extremo ascética, única y exclusivamente dedicada a pensar, escribiendo hasta que perdió la conciencia, la antevíspera de su muerte. Sus últimas palabras a la esposa del médico en cuya casa murió, fueron:

“Diga a mis amigos que mi vida ha sido maravillosa.”

Referencias:

Eilenberger, W. (2019). Tiempo de magos. La gran década de la filosofía 1919-1929. Buenos Aires: Taurus.

Monk, R. (1997). Ludwig Wittgenstein. El deber de un genio. Barcelona: Editorial Anagrama.

Reguera, I. (2009). “Estudio introductorio”, en Wittgenstein, L. Tractatus lógico-philosophicus – Investigaciones filosóficas- Sobre la certeza. Madrid: Gredos.

Wittgenstein, L. (1976). Los cuadernos azul y marrón. Madrid: Tecnos.

(2009). Investigaciones filosóficas, en op. cit., Madrid: Gredos.

Scavino, D. (2000). La filosofía actual. Pensar sin certezas. Buenos Aires: Paidós.


Monk, R. Ludwig Wittgenstein. El deber de un genio https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/10/Monk_Ray_Ludwig_Wittgenstein_El_deber_de_un_genio_2a_ed.pdf

Wittgenstein, L. Cuadernos azul y marrón https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/11/LUDWIG_WITTGENSTEIN_Los_cuadernos_azul_y.pdf

Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/10/wittgenstein-gredos-tractatus-investigaciones-y-sobre-certeza-5-pdf-free.pdf

Mapa conceptual Wittgenstein https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/11/Mapa-L.-Wittgenstein-Investigaciones-filosoficas.pdf


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