Karl Jaspers: La filosofía desde el punto de vista de la existencia

En esta nueva entrada, relativa a la obra de Karl Jaspers, La filosofía desde el punto de vista de la existencia (en el original Einführung in die Philosophie -es decir, Introducción a la filosofía, publicada en 1949-), consideraremos en particular los dos primeros capítulos: “¿Qué es la filosofía?” y “Los orígenes de la filosofía”. En apenas 150 páginas, este autor ofrece una meditada introducción a la filosofía que combina rigor científico, sensibilidad existencial y una apertura fenomenológica hacia lo humano.

Karl Jaspers publica su obra Introducción a la filosofía, luego traducida como La filosofía desde el punto de la existencia.

Karl Theodor Jaspers nació el 23 de febrero de 1883 en la ciudad de Oldenburg, al norte de Alemania, cerca del Mar del Norte, donde su familia había residido durante generaciones. Desde joven padeció bronquiectasias crónicas que limitaron sus capacidades físicas, y la conciencia de esa fragilidad marcó su rutina adulta, agudizando su sensibilidad hacia el sufrimiento humano. Además, Jaspers atravesó un siglo signado por las dos guerras mundiales, siendo la Segunda especialmente significativa para él, dado que estaba casado con una mujer judía.

Jaspers era médico y psiquiatra, y se desempeñaba como profesor de psicología en la Universidad de Heidelberg. Centró siempre su pensamiento en la existencia individual. Aunque suele ubicárselo dentro de la corriente existencialista, él no aprobaba esa denominación y prefería hablar, más bien, de una “filosofía de la existencia”.

Karl Jaspers

Esta corriente se enfoca en la comprensión de la existencia humana y en problemas fundamentales como la libertad, la responsabilidad, la trascendencia y el sentido de la vida, abordando también la angustia, la culpa y la conciencia moral. Lo cierto es que los dos primeros capítulos de esta obra, La filosofía desde el punto de vista de la existencia, se han convertido en un clásico para quienes se inician en esta disciplina. Por eso los recorreremos detenidamente, con el fin de ver cómo presenta Jaspers su concepción de la filosofía.

Breve biografía de Karl Jaspers https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Autor:Jaspers,_Karl

Cap I. ¿Qué es la filosofía?

Posiciones contradictorias frente a la filosofía

Lo primero que señala Jaspers es que existen posiciones claramente enfrentadas respecto de la filosofía. Por un lado, hay quienes creen que puede brindarnos “revelaciones extraordinarias”, y por otro, quienes sostienen que es un “pensar sin sentido”, que no lleva a ningún lado, que gira en círculos en torno a los mismos problemas, lo cual se ve como un defecto. También se la contempla con respeto, como el “quehacer de unos hombres insólitos”, percibidos como distantes e inimitables. Pero, al mismo tiempo, no faltan quienes la desprecian como el “cavilar de unos soñadores”, unos bohemios improductivos.

Joven estudiando

Del mismo modo, la filosofía puede parecer algo que “interesa a todos” y que despierta curiosidad inmediata, pero también se la considera, muchas veces, “tan difícil que desespera”. Jaspers reconoce que ambas posturas tienen sentido: la filosofía genera, comprensiblemente, posiciones tan opuestas.

Diferencias entre ciencia y filosofía

Una cuestión central que Jaspers aborda es el contraste entre ciencia y filosofía. Él, formado en ciencias, conocía a fondo los rigores del método científico y su exigencia de precisión. Por eso es que, en primer lugar, en relación a la unanimidad que consigue, destaca que la ciencia, en algún punto, alcanza resultados “universalmente válidos”: aceptados en cualquier lugar, ya sea porque se basan en experimentos replicables o en cálculos matemáticos con validez global. En cambio, la filosofía no logra nunca una “unanimidad completa”. Puede haber adhesiones parciales a filósofos, corrientes o posiciones, pero no se alcanza el consenso que sí obtiene la ciencia.

En segundo lugar, en cuanto a su capacidad de superarse a sí misma, la ciencia tiene un “carácter progresivo”, dice Jaspers: progresa. La física o la biología antiguas no pueden compararse con los desarrollos contemporáneos. La ciencia se apoya en descubrimientos anteriores, refina teorías mediante investigación constante, y avanza en su precisión y capacidad predictiva. La filosofía, en cambio, no tiene un método universal ni una progresión acumulativa de teorías. Si eso fuera así, los filósofos actuales serían necesariamente “más avanzados” que los clásicos, lo cual no se sostiene. Jaspers mismo afirma que, si bien en medicina estamos por delante de Hipócrates, no podemos decir que seamos “más avanzados” que Platón.

Laboratorio

Sin embargo, es importante destacar que esta perspectiva no implica que la filosofía sea una disciplina estática o sin valor. Ella se ocupa de cuestiones complejas que pueden no tener respuestas definitivas, y su contribución radica en el análisis crítico, la reflexión y la exploración de conceptos y principios fundamentales. Además, la filosofía puede influir en el desarrollo de la ciencia al plantear preguntas sobre sus fundamentos ontológicos, epistemológicos y éticos.

Otro contraste está en el tipo de certeza que buscan. La ciencia procura alcanzar una “certeza objetiva”, válida para cualquier intelecto, gracias a su método. En la filosofía, en cambio, se da un “cerciorarse” más cercano a lo subjetivo, ya que los temas que aborda nos involucran personalmente. La filosofía suele resonar con una “cuerda interior” del ser humano, algo que el conocimiento científico no siempre logra.Una persona puede apasionarse por la ciencia, pero rara vez se ve tan comprometida como cuando se tratan los temas de la existencia, la ética, la política, o el sentido de la vida.

Finalmente, Jaspers marca las diferencias en cuanto al objeto de estudio. Las ciencias se han delimitado en áreas específicas -biología, física, matemática, sociología, etc.- y requieren especialización. Hoy es imposible abarcar el conjunto de la ciencia contemporánea. La filosofía, en cambio, se ocupa de la “totalidad”, donde todo se conecta con todo. Su objeto es el conjunto de los entes. Por eso se la considera el saber más amplio: no hay nada que quede fuera de su alcance, ni siquiera la “nada”. De hecho, su pregunta por excelencia podría ser: “¿Por qué hay algo y no, más bien, la nada?”

Además, Jaspers subraya que la orientación científica es previa a la tarea filosófica, ya que “objetiva el mundo”. Hoy se considera que ninguna filosofía puede aspirar a ser significativa sin haber asimilado previamente el conocimiento científico. Pero la filosofía no es una mera síntesis de resultados científicos, sino una visión problemática que revela la imposibilidad de una única visión del mundo. En definitiva, aunque tanto la ciencia como la filosofía son formas rigurosas de pensamiento crítico que superan el saber vulgar, las diferencias entre ambos campos son fundamentales.

Filósofos

Los cuatro rasgos principales del quehacer filosófico

A continuación, Jaspers expone los que, a su juicio, son los cuatro rasgos principales del quehacer filosófico. El primero es la idea de que casi todo el mundo se considera competente para opinar en cuestiones filosóficas. Mientras que en el terreno científico parece evidente que se requiere una formación de años para poder intervenir con autoridad, en cualquier debate con tintes filosóficos la mayoría se siente legitimada para tomar posición. Lejos de ver esto como un problema, Jaspers lo considera positivo.

En segundo lugar, sostiene que la filosofía debe ser siempre original. Por eso menciona las preguntas filosóficas de los niños, formuladas cuando aún conservan viva la curiosidad y no han sido capturados por las respuestas del “sentido común”. Se trata de los célebres “¿por qué?” infantiles, que muchas veces apuntan a cuestiones profundas como el origen, la causalidad, la existencia de Dios o del universo. Y si se propone como causa última a Dios, el niño —como buen filósofo— continuará preguntando por la causa de Dios.

Niña graciosa

Otra cuestión que suele aparecer tempranamente es la de la identidad. El ejemplo que menciona Jaspers es: “me esfuerzo por ser otro y sigo siendo yo”. Pero al crecer, los niños también notan que ya no son “el mismo” que cuando eran bebés, lo que introduce el problema del cambio y la permanencia. También es común que se aferren a la evidencia de los sentidos, hasta que alguien les señala que no todo es tan evidente. Por ejemplo, aunque parezca que la tierra está quieta, los datos científicos indican lo contrario. Así, lo “evidente” se vuelve un tema fascinante en sí mismo.

Otra inquietud habitual es la relativa a qué seres existen realmente y cuáles no: personajes de cuentos, figuras fantásticas, etc. Esto se vincula con interrogantes sobre lo posible y lo imposible, lo contingente y lo necesario. Todos estos son momentos de asombro con “tinte filosófico”, a los que acceden incluso niños muy pequeños y que, con el paso del tiempo, tienden a desdibujarse.

En tercer lugar, Jaspers señala que en ciertos momentos extremos, como el inicio de algunas enfermedades mentales, pueden aparecer estados de conciencia con rasgos filosóficos. Cita aquí a Hölderlin y Van Gogh, y recuerda también el caso de Nietzsche, cuya genialidad filosófica se entrelazó, en sus últimos años, con la locura. Asimismo, menciona los “despertares del sueño”, donde ocasionalmente surgen reflexiones filosóficas que no se presentan en estado de vigilia. Sin embargo, aclara que no toda locura es filosófica, aunque en ciertos casos pueda estar acompañada de una forma de genialidad.

Vincent Van Gogh
Vincent Van Gogh

El cuarto rasgo que menciona es que la filosofía está en todas partes. Se encuentra en los refranes, en los saberes populares, en el fundamento de las ideologías, en los saberes ilustrados e incluso en los mitos. Por ello, incluso quien afirme “no creer en la filosofía” está, al hacerlo, razonando filosóficamente.

Jaspers cierra el capítulo mencionando a los principales adversarios de la filosofía. En primer lugar, el “autoritarismo eclesiástico”, que desconfía de ella por entender que “aleja de Dios” o “tienta a seguir al mundo”. En segundo lugar, el “totalitarismo político”, que reprueba que las personas piensen por sí mismas. Y en tercer lugar, el “sentido común utilitarista”, que plantea la conocida objeción: “¿de qué sirve la filosofía?”, como si todo debiera tener una utilidad práctica inmediata. En este contexto, Jaspers cita la célebre anécdota de Tales de Mileto, quien, mientras caminaba reflexionando sobre “las cosas del cielo y de la tierra”, cayó en un pozo. Así nació la imagen del filósofo como “genio distraído”, absorbido en lo invisible y descuidado de lo inmediato.

Luego Jaspers se detiene en la etimología misma del término “filósofo”, compuesto por philo (amor) y sophos (sabiduría). El filósofo es, por tanto, aquel que busca el saber sin pretender poseerlo. Lo opuesto al sophos, el “sabio” que cree tener ya todas las respuestas. Así, lo que define a la filosofía es su carácter de búsqueda, un “ir de camino” donde las preguntas son más esenciales que las respuestas, y toda respuesta da lugar a nuevas preguntas. Se trata, en suma, de una tarea estimulantemente inacabada e inacabable.

Cap. II: “Los orígenes de la filosofía”

En este capítulo, Jaspers introduce su célebre distinción entre el “comienzo” y el “origen” de la filosofía. El comienzo designa el momento histórico en que se formularon por primera vez reflexiones propiamente filosóficas: la antigua Grecia, en el siglo VI a. C., con pensadores como Tales, Heráclito y Parménides.

Filósofos presocráticos

Estos filósofos buscaron explicaciones racionales del mundo, marcando una ruptura con el recurso exclusivo a la autoridad mítica o religiosa. Sin embargo, Jaspers también reconoce en el mito un germen filosófico: ambos buscan explicar el orden a partir del caos. La transición del mito al logos, tantas veces repetida, debe entenderse con más matices. Incluso Platón recurre al mito cuando necesita representar simbólicamente cuestiones que escapan al discurso racional.

El origen de la filosofía, en cambio, remite a algo más profundo: la actitud filosófica fundamental, el impulso que lleva a los seres humanos a interrogarse sobre la existencia, la realidad y los problemas más acuciantes.

El asombro

Jaspers coloca, como primer origen, el “asombro” o la “admiración”, siguiendo a Platón y Aristóteles, como motor originario del filosofar. La contemplación del cielo, del mar, de los astros, de los elementos, de la vida misma, despierta una mirada trascendente y desinteresada, que no busca dominar, sino comprender.

En una entrevista filmada, Jaspers evoca su primer encuentro con el mar: esa inmensidad, ese horizonte inabarcable, dejó en él una impresión indeleble que asoció, desde entonces, con la fascinación propia del pensamiento filosófico.Es ese asombro el que origina la pregunta filosófica, y sólo a partir de ella nace el impulso de conocer. La conciencia de “no saber” es el punto de partida.

La duda

El segundo origen del filosofar es la “duda”. De ella surgen el examen crítico y la búsqueda de certeza. A medida que se acumulan conocimientos, aparecen contradicciones, y el ser humano descubre que no todo es seguro. Los sentidos engañan, pero también lo hace, a veces, la razón.

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Así, por un lado, porque las percepciones sensibles son engañosas. Es la conocida idea de que los sentidos muchas veces “nos engañan”, pero a veces, señala, el pensamiento racional también cae en contradicciones insolubles. Entonces, todo esto nos puede llevar a dos tipos de duda: está la “duda radical” de tipo escéptico, que paraliza no podemos salir y no nos conduce a nada. Pero por otro lado, tenemos la duda más conocida quizás en el mundo filosófico como lo es la “duda metódica” de Descartes quien, como es sabido, duda de todo hasta que, en tanto está dudando, se da cuenta de que piensa y que si piensa existe. Con lo cual, cree encontrar allí, justamente, una primera certeza clara a partir de la cual comenzará a construir su sistema.

La situaciones límite

El tercer origen son las “situaciones límite” (Grenzsituationen), el concepto tal vez más influyente del capítulo. Son experiencias extremas como la culpa, la muerte, el dolor, la desesperación, que revelan al sujeto su impotencia ante aquello que no puede cambiar. Lejos de ser resignadas, estas situaciones despiertan una búsqueda de sentido y una posibilidad de autenticidad.

Según Jaspers, estas situaciones límite tienen el potencial de llevar a los individuos a una profunda reflexión y autoconocimiento, ya que despiertan preguntas fundamentales sobre el sentido de la existencia, la libertad, la responsabilidad y la relación con el sufrimiento y la muerte. A través de estas experiencias extremas, las personas pueden trascender sus limitaciones y alcanzar una comprensión más auténtica de sí mismos y del mundo.

Jaspers menciona a Epicteto, esclavo liberado, que enseñó una doctrina basada en distinguir entre lo que está y no está en nuestro poder. Su célebre Enquiridión comienza afirmando: “hay dos clases de situaciones: las que están en nuestro poder y las que no”. Epicteto funda luego su propia escuela, y se hace sumamente conocido por una obra que no escribe él, sino un discípulo suyo: se trata del Manual de vida, o también en su nombre en griego, Enquiridión, célebre por la primera afirmación con la que se inicia esta obra: “hay dos clases de situaciones: las que están en nuestro poder y las que no”.

Epicteto

Lo que depende de nosotros son nuestras ideas, juicios y acciones; lo que no depende, son las circunstancias externas. El sufrimiento surge cuando intentamos controlar lo que no está en nuestras manos. La libertad consiste en aceptar eso y enfocar nuestra energía en lo que sí podemos transformar: nuestra actitud.

Jaspers, que también convivió con una enfermedad crónica, veía en estas enseñanzas una resonancia profunda con su propia experiencia. En suma, no somos dueños de lo que nos pasa, pero sí de cómo respondemos ante ello.Estas situaciones no imponen una pasividad resignada. Más bien, ofrecen la posibilidad de encontrar, en medio del límite, un nuevo sentido.

De todas formas, los seres humanos han tratado de ir morigerando, suavizando, aquellas cosas que no están totalmente bajo su control por medio de la ciencia y técnica, organizando su vida en sociedad, apoyándose en aquellas cosas que son dignas de fe, como la patria, la lengua materna, las grandes religiones, la obra de pensadores, poetas, artistas. Todos estos son auxilios que la humanidad se ha ido dando a sí misma. Sin embargo, reconocerá Jaspers que todos estos elementos culturales tienen sus falencias. Y es por eso que nuestra condición es inevitablemente la de ser seres limitados que no pueden sobrepasar de manera absoluta aquellas situaciones límite.

Joven pensando

La comunicación

Por último, Jaspers afirma que estos tres orígenes no agotan el impulso filosófico. Señala un cuarto factor: la crisis de la comunicación humana. Hoy los hombres se comprenden cada vez menos, huyen unos de otros, y ya no hay comunidades estables ni vínculos confiables.

Ese dolor por la incomunicación no sería tan agudo si estuviéramos en posesión de la verdad, dice Jaspers. Pero no es así. Existimos solo en compañía del prójimo; solos, no somos nada. Por eso propone una “comunicación de existencia a existencia”, un encuentro entre seres humanos donde se dé la verdad. Una “lucha amorosa” en la que cada uno entrega al otro todas sus armas. Esta comunicación va más allá de transmitir información: exige sinceridad, apertura, entrega y disposición al diálogo verdadero. Jaspers advierte, no obstante, los obstáculos: prejuicios, estereotipos, diferencias culturales, barreras del lenguaje.

Gente dialogando

De este modo, aunque Jaspers no centró su obra en este tema, su concepción de la comunicación fue decisiva. La filosofía posterior, especialmente en la tradición alemana, recogió su herencia. Gadamer, Ricoeur y otros desarrollaron esa noción de una razón dialógica.

En suma, Karl Jaspers nos ofrece, en estos primeros capítulos de La filosofía desde el punto de vista de la existencia, una caracterización precisa, comprometida y profundamente humana del filosofar. No en vano, quizás su discípula más célebre, Hannah Arendt, llegó a decir en una carta después de su muerte: “Con la muerte de Jaspers, la vida se ha vuelto más sombría, no porque uno pueda dirigirse a él en busca de consejo o ayuda, sino porque él existía. Su mera existencia era consuelo y orientación.”

Hannah Arendt
Hannah Arendt

Referencias

Horn, H. “Karl Jaspers”, en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París. UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, n° 3-4, 1993, págs. 769-788.

Jaspers, K. (1981) La filosofía desde el punto de vista de la existencia. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Thornhill, Chris y Ronny Miron, “Karl Jaspers”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (edición de primavera de 2022), Edward N. Zalta (ed.), URL = <https://plato.stanford.edu/archives/spr2022/entries /jaspes/>.


Jaspers, K. La filosofía desde el punto de vista de la existencia https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/05/K.-Jaspers-La-filosofia.pdf

Alcoberro, R. “Karl Jaspers. Una introducciónhttps://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/05/Alcoberro-R.pdf

Horn, H. “Karl Jaspershttps://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/05/Horn-H.-Karl-Jaspers.pdf

Mapa Karl Jaspers https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2023/05/Mapa-Karl-Jaspers-1.png

Otro mapa: (de clase en pandemia) https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2024/04/Karl-Jaspers.pdf

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